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domingo, 22 de abril de 2012

Macroabsurdo

En el intento frustrado de cambiar el curso de mi suerte, me regodeo en corrientes viscerales de salidas en blanco. El silencio siempre amenaza y se hace latente en horas clonadas. Mismo día, mismo final. Tus ojos, sus ojos, los vuestros, todos ellos reproducen instantáneas de mi rostro adulterado por mil ángulos. Todas sin excepción voláis a contraluz en senderos hoscos. No os pertenezco, ni os quiero conocer; no soy como vosotras, ni os siento cerca. Pero llegan ciertas horas que me recuerdan a ti, a tus ausencias y la vividez de la putrefacción de esos segundos metálicos. Pensamientos muertos, vientres hinchados de mariposas disecadas que eclosionan en rubor adulto.
Mi entusiasmo transforma la atmósfera en intensidad macrobiótica antes de descifrar desplantes. Afortunadamente, las horas que suman gotas de agua, sacuden sustos iniciales.


Siempre he sido tan idiota.

jueves, 19 de enero de 2012

SDF

¿Por qué la gente se empeña en coleccionar personas? Qué afán por acumular rostros incómodos o situaciones raras de las que se podrían prescindir sin ningún remordimiento. Total, todos somos sustituibles cuando transcurren un par de meses. Las redes sociales tienden a agravar este complejo de síndrome de Diógenes. Deberíamos ser más selectivos y menos "correctos", aunque la tentación de saber datos irrelevantes acerca de personas con las que no hablamos es adictivo. Por ejemplo, creo que no hay nada más enriquecedor que ver fotos del fin de semana entre amigos en una casa rural de "X", o si lo ha dejado o no con su novi@. De ello depende mi sustento emocional de la semana.
También encuentro una costumbre que no se debería perder nunca fingir interés por los problemas o anécdotas que nos dan igual; escuchar nombres a los que nunca pondré cara y ejemplos similares. Es información confidencial que retendré 5 minutos y luego a resetear, pero qué 5 minutos tan bien echados...
"Síndrome de Diógenes filantrópico", ya está, ya lo he bautizado. El problema con el SDF es que a veces fingir no es una opción aceptable porque sientes realmente interés hacia una persona y descubres que la desidia se puede transformar muy fácilmente en inquietud, curiosidad, y por qué no, amistad. 
Distingamos tres tipos de amistad: amistad estándar, amistad polémica y amistad con vistas a. De las tres, la más sana es la primera sin lugar a dudas, y ésta a su vez se ramifica en BFF (best friends forever) o RF (random friendship). Los otros dos tipos requieren un marco teórico-práctico demasiado subjetivo como para ser imparcial y todos sabemos cómo terminan los soliloquios (muerte para ti y toda tu familia si le hacemos caso a Shakespeare o mensajes turbios y con mucha controversia si somos un simple mortal sin el don "mágico" del dramatismo griego).
No obstante, quiero expresar mi apoyo incondicional a aquellas personas que han logrado o tienen el potencial más que probable de cambiarte la vida. Esos no son rostros de segunda clase, ni requieren paripés innecesarios; son el tipo de persona que te aportará todo eso que buscas y cuesta encontrar. Pueden adquirir muchas formas: amantes, amigos de infancia, circunstanciales, amigos con síndrome de madre que te conocen mejor que tú mism@, escritores o incluso domadores de perros de fama cuestionable. No conviene cerrarse puertas. Los domadores de perros de fama cuestionable también tienen problemas; Toby no siempre quiere dar la patita y ladrar al cartero.
Este tipo de personas hacen que la pantomima sea más llevadera y demuestran que las ilusiones no mueren, se reciclan. Regala chocolate, comparte música o quédate en casa haciendo un ciclo de cine compartido, pero admite que de vez en cuando la gente no es tan capulla.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Certidumbres

De ella sólo recuerdo sus abrazos, duraban unos segundos deliciosos en los que te envolvía. No me habría importado pasar así el resto de mi vida. En el intento de conocerla la terminé idealizando y nunca supe cuánto había de verdad en mi versión. No pude humanizarla, no me atrevía. En el intento de hacerme hueco olvidé que querer no siempre es poder y no contemplé la opción más que probable de un final abrupto. La catedral siempre fue testigo de nuestros encuentros espontáneos, esos instantes fugaces a modo de titular que te daban el subidón necesario para aguantar horas sumergida entre dos lenguas. Pocas veces me daba la vuelta para ver cómo se alejaba. Por discreción nada más.
Eran años en los que pensaba que era así de fácil; la incertidumbre positiva de contar con más oportunidades. Ingenuidad. Llegaba a ser hasta bonito; amor sin grumos, ni marcas que adulteren sentimientos. Así era ella en el anonimato de su idolatría. Era Navidad y otoño, delicadeza, dulzura, toda una experta en excusas baratas. 
Nos despedimos fundidas en otro abrazo de los suyos, esta vez con la certidumbre de no volver a coincidir, pero con el cariño sincero de habernos conocido.

Primeras veces

¿Por qué nos cuesta tanto ser nosotros mismos? Hacer caso a nuestros impulsos y actuar acorde a ellos. ¿Por qué parece tan descabellado pensar que el romanticismo sigue vivo? Que las mariposas nunca se van y sobreviven a la rutina. Somos reticentes a creer en finales felices, en amores sin fecha de caducidad. Todo termina, llega ese desenlace abrupto temido desde el principio y sólo quedan dudas y preguntas. Me niego a creer que ésta es la dinámica que mueve el mundo. No formaré parte de la opinión general que afirma que "ya nada dura eternamente". Reniego del costumbrismo y de dar por hecho algo o a alguien que se ha tomado la molestia de cambiarte la vida.
Nos empeñamos en adelantar acontecimientos y anticiparnos a los hechos. Qué pérdida de tiempo y energía más absurda cuando especular es inútil. Nunca he sido más consciente del tiempo que ahora mismo; todo es cíclico. Vuelta al comienzo una vez más. Siempre interrumpo el final para reescribir desarrollos clónicos. ¿qué hace diferencia uno de otro? ¿Qué se queda y qué se va? La pregunta debería ser otra. ¿Qué se pierde? Ésa es la pregunta. Pureza. Cuando algo se repite tiene la fea costumbre de aburrir; atrae cierto cinismo ausente las primeras veces.
La idea inicial no era ésta, se parecía a una versión bastante más edulcorada, pero las teclas se estaban volviendo diabéticas y las necesitaba para seguir escribiendo, si quería algo de coherencia al menos. Sería interesante retroceder algunos años y volver a experimentar esa sensación cristalina de verlo todo por primera vez; sin recuerdos ni manías. Probablemente el resultado final sería muy parecido, por no decir idéntico, pero sería bonito embarcarse en algo que no contemplas que pueda terminar en catástrofe.

Put a wetsuit on, come on, come on
Grow your hair out long, come on, come on
Put a t-shirt on
Do me wrong, do me wrong, do me wrong

jueves, 10 de noviembre de 2011

Único

Todas las mañanas pasaba por su puerta y cruzábamos dos o tres palabras cordiales. Era rutina. Siempre me lo encontraba, a cualquier hora, sentado en su escalón contemplando la inmutabilidad de un día como los demás en el silencio de sus secretos. Dos palabras no cuestan nada, no suponen esfuerzo alguno a simple vista y aun así, a veces el ensimismamiento nos impide ser personas.
Llevo unos días sin cruzar ese saludo y ayer vi una cruz negra en su puerta y leí ese primer párrafo estándar que únicamente se molesta en cambiar nombre y edad. Parece de broma que la eternidad pueda llegar a ser tan impersonal. el adiós debería ser único, tan único al menos como la persona que se marcha y suprimir de una vez las plantillas multitudinarias.
Es curioso qué remoto parece todo, qué natural cuando se ve desde fuera. Todo se magnifica porque es insensible no hacerlo, una auténtica falta de respeto. Pero, ¿no es peor la hipocresía de consternarte por obligación? Las convenciones sociales son demasiado estrictas para seguirlas al pie de la letra y a veces asfixian. ¿Por qué expresar lo que es políticamente correcto y no lo que realmente queremos decir? ¿Humanidad?¿Acaso estamos defendiendo la mentira como mecanismo de defensa? Yo creo que no, creo que simplemente lo hacemos para que no nos señalen con el dedo y nos tachen de bicho raro.
No hay segundas oportunidades. ¿Qué tendrá la muerte que cambia concepciones? Durante tres días, el mundo se vuelve del revés, eres sensible, sombrío, incluso las iglesias te asustan aún más. Sólo hacen falta tres días para descomponerte y volverte a recomponer, pero el prisma ha cambiado de forma radical, y ahora hay preguntas y la sensación incómoda de no saber muy bien cómo actuar en estos casos. Viva el pánico y la hipocondría. 
El sol sigue brillando, los niños van al colegio, las redes sociales siguen actualizándose y el mundo no se detiene; todo lo que tenemos son esos tres días de cortesía por parte de vecinos curiosos, amigos ya no tan cercanos, y con suerte, aquellas personas que nunca se han planteado abandonarte. Descanse en paz.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Martes en la gramola: yo soy Simon, él es Lucas

Hoy he descubierto una de esas canciones que dice tanto con tan poco, "On the street where you live" a manos de Nat King Cole. Es una canción que no la buscas, te encuentra, bien sea en la radio, en el cine o incluso viendo el nuevo anuncio de McDonalds en la MTV. Nunca me he alegrado tanto de ver un payaso. No hay solo de guitarra, ni la ha versionado Justin Bieber- que sepamos-, simplemente es una de estas canciones que surgen de la nada y tienen un significado y cuando las vuelves a escuchar tiempo después te dice algo nuevo.
Éste no ha sido un martes cualquiera. Después de Nat King Cole he rescato la voz quebrada de Nina Simone. Traducir con su piano de fondo parece coser y cantar. Nunca un martes ha visto tanta genialidad junta en la misma franja horaria. Décadas después de que estas manos y estas gargantas se fundieran, su mensaje vuelve cíclico como si el tiempo escupiera recuerdos personalizados de días ya raros.
La gramola cibernauta tiene restricciones: 10 horas de música al mes. Ahora resulta que tienes que subscribirte para recibir canciones porque ni en la radio ponen las buenas. Por el módico precio de tres refrescos (dependiendo de la zona geográfica en la que te encuentres) tienes todo un horizonte musical dispuesto a trasladarte donde tú quieras; sólo tú, la canción y Facebook como fiel informador sobre la hora, artista y frecuencia de las escuchas; con suerte tendrás varios "me gusta" si el resto de los melómanos que afirman ser tus amigos son tan frikis como tú. Y ahora ese gran momento de intimidad llega a ojos y oídos de otras 200 personas. La belleza del anonimato en las redes sociales.
Por esto mismo el otro día decidí comprarme un tocadiscos. Quiero estanterías llenas de vinilos que cojan polvo todas las semanas y no me quede más remedio que pasarles el plumero los domingos. Olvidemos los ipods, mp3, mp4, Last Fm, Spotify y otros sucedáneos de música a raudales. Nada suena tan bien como Edith Piaf en su soporte original. Soul, rock, indie, pop noventero, grupos ya inherentes a ti porque los escuchas desde que tienes uso de razón. Todo puro, sin anuncios del nuevo Seat Ibiza, sin la voz chirriante de Bisbal colaborando con Miley Cyrus en su nuevo "éxito" "Te quiero forever" (es el peligro de mezclar idiomas y culturas) y sin el tonto de turno que te anima a subscribirte a la lista con las mejores canciones de la historia y considera Tokyo Hotel y Panic at the Disco un hito del rock contemporáneo. 
Me niego a educar a un niño en un mundo en el que uno de los mayores enigmas del país sea averiguar quién es Andy y quién es Lucas. ¿Cómo van a saberlo si nunca fueron capaces de distintiguir a Simon y a Garfunkel?

domingo, 9 de octubre de 2011

El melodramatismo de empeñarte en ser tú mismo

Melodrama: acción dramática. Es muy dado al sentimentalismo y a la incorporación de música. Texto hablado más música subjetiva que debe intentar reflejar fielmente lo que pasa por la cabeza de algún pobre griego que quiere casarse con su madre, no sin antes matar a su padre. 
El mundo se acaba, ya lo anunciaba Orson Welles aquel 30 de octubre por la radio. Todos cogieron sus armas y salieron más que concienciados a avasallar, a saquear hasta las piedras de la calzada. ¿Realmente somos tan fáciles de engañar? No debemos dudar del talento del señor Welles, pero debería preocuparnos nuestra estupidez. ¿Volvería a ocurrir? ?Si Belén Esteban anunciase el fin del mundo, nos lo creeríamos? Con toda certeza. Es más, para qué encender la televisión y ver el telediario, la única solución es hacer las maletas, coger a los niños y al abuelo y huir a Francia. Francia es indestructible, la torre Eiffel puede desmantelar cualquier objeto circular que se acerque a la capital gabacha. Podríamos huir histéricos a cámara rápida con la música emblemática de Benny Hill de fondo. Tus padres discutiendo, emitiendo sonidos y gestos tan agitados que apagarían un incendio en julio , atascos, violencia, horas en la carretera, todo este tiempo huyendo y a nadie se le ha ocurrido mirar por la ventana para comprobar si existe un peligro real como tal. Ni meteroritos, ni criaturas de identidad dudosa, pero ya que estamos llegando a Francia no está de más picar un croissant o un vino caliente con galletas.
Liberté, égalité et fraternité. Estos galos siempre presumiendo de elegancia y savoir-faire. Ahora toca repostar y volver a casa con cara de circunstancia, pero con el consuelo de ocupar los titulares de cientos de periódicos internacionales al día siguiente. Que no cunda el pánico porque la culpa de todo este malentendido siempre será de Zapatero, pase lo que pase en los siguientes 20 años, siempre habrá un primo al que cargarle el muerto.
El melodramatismo de empeñarte en ser tú mismo es digno y a la vez una costumbre en peligro de extinción. Hay pocos infelices que sean tan cabezones como para mantenerse fieles a su esencia. Los eruditos abogan por el cambio y la aceptación de nuevas tendencias, yo voto por la fidelidad a la estupided de uno, la materia prima que debería derrocar a los productos en serie. Ya tengo unas zapatillas made in China, prefiero una conciencia marca de la casa, con taras, pero original.
Aunque parezca lo contrario, ser fiel a uno mismo no es fácil. Cuesta mucho no eludir responsabilidades, pero al fin y al cabo es lo único que nos salva de ir a la deriva. Un poco de amor propio, gente; aceptémonos y querámomos, y quizá podamos ser capaces de tolerar al resto de la humanidad. Es una filosofía simple, y aun así, poco factible, no mientras abunden instituciones de dudosa autoridad y falsas creencias que impulsan una involución social inminente. Involución, eso sí que da miedo. Ya véis, no hacen falta armas ni seres superiores para transmitir pavor. Están cerca, vienen volando en palomas de cuello vuelto y siempre se recortan la barba antes de hablar.